El frio de la mañana me atraviesa como una flecha encendida traspasando mi alma fundida en la oscuridad de una noche que madruga el sosiego de un descansar inalcansable.
Aún es temprano, mas mientras fumo un poco de tabaco enrollado en una hoja aún húmeda del nocturno rocío, sus pasos se mueven despacio sobre la arcilla buscando el camino indicado.
A mi alrededor se mueven solamente los antiguos árboles vestidos de un invierno abrigo amarillo ocre, mecidos por la brisa fría de la lluvia que araño el cielo razgando las gotas que ahora me entumecen aún más.
Su caminar se vuelve impaciente, meciendo un paraguas ajado en una punta producto de ventarrones y ajetreos citadinos. Ahora llueve.
La lluvia rebuzna en mi espalda refugiándose también en mis cabellos, mientras levanto la mirada al incipiente cielo inalcanzable ya para mi, costumbre adoptada hace ya algunos años como recuerdo de lo que algún día pudo ser mío pero rechacé como una bofetada. El sonido de la lluvia se siente en un eco apagado por los solitarios pasos de sus zapatos en la arena del parque, ahora tejiendo surcos en el barro oscuro del derrame.
El pasto se vuelve hierba silvestre mecida con las gotas, mientras el aroma comienza a empieza a filtrarse por los ropajes y arboledas que se funden en un sonido seco de olores húmedos y cansados.
El mundo se ha hecho un burdo circo de aventuras, y crece, así como ha crecido este parque en que mi infancia recorrí mil cinco veces y quien sabe cuantas más. Con sus senderos ahora demarcados y sus juegos de madera reemplazados por modernos centros infantiles de un acero frío y no astillante, por el cual solamente se deslizan ahora las gotas de agua de la lluvia.
El momento llama y mi espera se desvance mientras tras su oído murmuro su nombre quebrando el silencio.
La lluvia se detiene por un segundo mientras el gemido de horror deja caer el paraguas y un vaso desechable de café, que raudamente sostengo antes de tocar el suelo y dejo a un costado esparciendo el templado aroma de un café de segunda categoría, probáblemente comprado en alguna esquina a algún termo oxidado por los años.
El inevitable hado esperado, fruto de acciones de inminete culpa, vuelve a buscarte en tu conciencia.
Una vez que vuelve en sí, su instinto clama por correr desesperado, mientras suavemente susurro su nombre por su otro costado. Sin mirar atrás corre entre el pasto mojado y verde, huyendo de árbustos y caminos que nunca vió por no mirar atrás.
Siento temblar sus piernas, recogiendose a cada paso que da en su carrera...
Siento el aliénto frío entrar en sus pulmones quemando la garganta a su pasada...
Siento el corazón golpear su pecho tratando de escapar entre los botones de su impermeable...
Siento la sangre desplazarse entre sus brazos y espalda a través de sus venas....
Rapidamente y sin que lo note cruzo la adoquinada calle ramón cruz para filtrarme entre murallas y edificios húmedos, no sin antes gritar su enmarañado nombre a sus espaldas, obligándolo a dirigirse a mis brazos luego de cruzar...
Presa del terror y sin pronunciar palabra alguna, se abalanza a la calle arrancando de su pasado oculto y culpable mientras un par de focos incontrolados meciendose a ambos costados se cruzaba en ese mismo instante por mis ojos.
Lo inevitable, lo imprevisto, lo nuevo me deja anonadado mientras el impacto provoca un sonido seco ecualizando un sonido similar al chasquido de las ramas secas, mientras el automóvil se detiene bruscamente, como si una muralla en la nada lo hubiese detenido en vilo, comprimiendo sus latas como papel plegado con una mano mientras su ocupante sale expulsado por el vidrio delantero provocando un estallido de vidrios sobre mi ropa.
La lluvia ha cesado en menos de un segundo y el panorama lo observo ahora en una suerte de camara lenta provocada no por mi, obligando a moverme rápido de mi lugar fuera del plan trazado en un inicio.
Mientras esquivo el restojo de automóvil cruzando sobre su techo, observo de reojo como el cuerpo del chofer cae sobre su brazo izquierdo, inmóvil, esperando aquel cuerpo volador, mientras su otra mano en sus boca, clamaba silencio con sus dedos sobre sus labios.
La lluvia vuelve mientras en un destello el tiempo vuelve a la normalidad y el carro se desplaza ahora lentamente mientras frena su marcha por el roce de su eje destrozado.
Caigo a un costado de mi presa, aún tibia derramando su sangre...
- Sabía que este día llegaría...tantos años esperandote...- gime entre soplidos ahogados y oprimidos -
- La gente como tú siempre comete errores...tu culpa te delató...
- La gente como tú también lo hace... tu rostro te delata...
Alcanzó a esbozar una sonrisa vengativa mientras con mi mano desgarraba su dolor... no se equivocaba... pero últimamente mis planes se habían visto desmerecidamente modificados... mejorados por otros, uniendo caminos exactos en tiempo y personas, urdiendo mi humillación y destino... mi muerte...
Levanto el cuerpo destrozado, mientras su sangre se filtra entre los testigos de piedra, dejando una enorme mancha... en los antiguos adoquines al costado del parque..
